Jesus leon: Imagina si: Quemaba. Recuerdo cómo quemaba. Eran las cinco de la mañana y, aun así, el sol parecía desprenderme la piel de los músculos. Un ardor supurante brotaba de cada poro y volvía mis movimientos lentos, agónicos. Tomé el picaporte, o más bien, mi mano se adhirió a él. Lo giré y sentí.
